jueves, 11 de septiembre de 2008

Marcos en sus propias palabras:

«Marcos es gay en San Francisco, negro en Sudáfrica, asiático en Europa, chicano en San Isidro, anarquista en España, palestino en Israel, indígena en las calles de San Cristóbal, chavo banda en Neza, rockero en CU, judío en la Alemania nazi, ombudsman en la Sedena, feminista en los partidos políticos, comunista en la posguerra fría, preso en Cintalapa, pacifista en Bosnia, mapuche en los Andes, maestro de la CNTE, artista sin galería ni portafolios, ama de casa un sábado por la noche en cualquier colonia de cualquier ciudad de cualquier México, guerrillero en el México de fin del siglo XX, huelguista en la bolsa de New York, reportero de nota de relleno en interiores, mujer sola en el metro a las 10 p.m., jubilado en plantón en el Zócalo, campesino sin tierra, editor marginal, obrero desempleado, médico sin plaza, estudiante inconforme, disidente en el neoliberalismo, escritor sin libros ni lectores, y, es seguro, zapatista en el Sureste mexicano. En fin, Marcos es un ser humano cualquiera en este mundo. Marcos es todas las minorías intoleradas, oprimidas, explotadas, resistiendo, diciendo "¡ya basta!" Todas las minorías a la hora de hablar y mayorías a la hora de callar y aguantar. Todos los intolerados buscando una palabra, su palabra, lo que devuelva la mayoría a los eternos fragmentados, nosotros. Todo lo que incomoda al poder y a las buenas conciencias, eso es Marcos.»

Comunicado del 28 de mayo de 1994


COMANDANTA RAMONA:

Ramona, bordadora excepcional, era uno de los símbolos más emblemáticos del EZLN por su participación en la lucha social de los Altos de Chiapas en los años 80 al defender los derechos de las mujeres a la educación y a la salud, y porque se valorara su trabajo artesanal, y más tarde por impulsar la Ley Revolucionaria de Mujeres, por su trabajo en el Comité Clandestino Revolucionario Indígena para preparar el levantamiento armado y por su participación en la toma de San Cristóbal el primero de enero de 1994, y como integrante de la delegación del EZLN que participó en los diálogos de la catedral de San Cristóbal con los emisarios del gobierno salinista. Y, desde luego, por su papel histórico en octubre de 1996, cuando asistió al nacimiento del Congreso Nacional Indígena en el auditorio del Centro Médico Nacional del IMSS, habló en el Zócalo de la capital ante una gran concentración y asistió a un gran mitin en Ciudad Universitaria.

La imagen de Ramona fue, desde que se le conoció, la de un México que a pesar de la adversidad se rebela con toda dignidad contra las injustas estructuras económicas y el doble discurso de un sistema de poder y adquiere, por lo mismo, una gran dimensión, y por todo eso el subcomandante Marcos la llamó antes de su salida a la capital en ese 1996 "el arma más beligerante e intransigente del zapatismo".

En el Zócalo de la capital, el 12 de octubre de 1996, dijo por lo mismo, hablando ante una multitud, que "queremos un México que nos tome en cuenta como seres humanos, que nos respete y nos reconozca nuestra dignidad",

La Ley Revolucionaria de Mujeres, de la que la comandanta fue decidida impulsora antes del levantamiento, alude por ello sin proponérselo a esos dobleces de la vida nacional: al desfase entre las leyes escritas y la realidad social. En ella las mujeres de los Altos que la redactaron asentaron que las mujeres tienen derecho, sin importar su raza, su credo o su filiación política, a participar en la lucha revolucionaria, a trabajar y recibir un salario justo, a decidir el número de hijos que pueden tener y cuidar, a participar en los asuntos de la comunidad, a la salud, a la alimentación y a la educación, a elegir su pareja y a no ser golpeadas, y a ocupar cargos de dirección en la organización y tener grados militares: a todo lo que millones de mujeres como Ramona siguen sin tener.

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