sábado, 22 de enero de 2011

Carta abierta a mi amigo Antonio sobre mi labor

Hola Antonio, veo que sigues en la brecha como siempre, gracias.
Ahora que he vuelto a mis tareas habituales, me apetece darte una opinión por placer más bien. Quizá te sirva. Si te cansa, lo más probable, perdón caballero, es que tengo un rato en casa y me apeteció explayarme.

Te puedo asegurar que cada vez estoy mas convencida de que es cierto que el profesorado debemos querer ser evaluados para mejorar, -aunque no basando esa evaluación en los resultados según aprobados o suspendidos, pus eso es una falacia-, pero no es menos cierto que el perfil de lo que sería conveniente y lo que se nos exige hoy en día lleva consigo una formación totalmente diferente de la que se empeñan en ofrecernos.

Si bien es necesario perfeccionarnos en nuestras materias respectivas, y mas aun en la metodología y las técnicas de evaluación mas adecuadas, también es verdad que nos ofrecen, aunque mas bien de manera puntual y esporádica, formación sobre cada una de la nuevas leyes que se empeñan en cambiar. Pero no es efectiva en realidad, pues esa formación va mas encaminada a conseguir los resultados que desean, que suelen ser más políticos que de contenido, y mas burocráticos y de papeleo que de satisfacción del sistema educativo.

También hay que decir que la formación en estos últimos años proveniente de gente como Manolo Segura y su influencia en la priorización de las habilidades sociales, ha sido de mucha ayuda. Nos ha hecho poner el acento en las personas y sus carencias familiares.

Esas carencias, o llamémoslas diferencias respecto al pasado, son cada vez más acuciantes y reales. Y eso sin duda nos exige otro perfil como docentes, muy distante de aquel que mandaba tareas para casa y esperaba que la hicieran para corregirle los avances. Ya no se avanza, ya no se trabaja en casa y lo poco que avanzan será por esfuerzo en el aula. Eso ha cambiado. Los padres no estamos en casa, y cuando estamos queremos disfrutar de paz con la familia y no embroncarnos con los hijos por sus fracasos, que además no sabemos ni como aceptarlos o como truncarlos en éxitos. Otra cosa es cuando los alumnos son estudiosos y trabajadores, para esos no hace falta nada de lo que expongo, porque en realidad avanzan casi solos. Incluso los profesores en esos casos somos un simple medio para lograr su éxito previsto.

Como ves, voy uniendo lo humano y lo laboral constantemente, porque es ese el perfil que se nos exige tener hoy, o que yo intuyo que debemos trabajar, y para el que no estamos preparados. Yo antes de ser madre no tenía idea de muchas circunstancias que ahora vivo, y tampoco derramaba esta especie de “comprensión” que ahora me ha abierto más el corazón ante sus dificultades cuando son reales.

Yo descubro con cierto asombro que con los años la experiencia te permite manejar la materia y hasta la clase con una enorme soltura, sin embargo me alejo cada vez más de mis alumnos. Lo que antes era un medio para acercarlos al idioma , -por ejemplo la música-, ahora es en realidad casi un impedimento, pues ya no puedo encontrar gusto en los estilos musicales que se oyen en los 40 principales, y ellos no entienden mi lenguaje rockero o de los años anteriores, por poner un ejemplo, excesivo pero no irreal.

Este curso, créeme, lo único que no preparo son las clases. Si, así es. El tiempo he de gastarlo en preparación de materiales de fichas de apoyo, de cuando falto yo, de cuando faltan ellos, de los de necesidades educativas, de los pendientes, de correcciones, de revisiones, de informes, de memorias, de programaciones, de poner en medusa, de leer…,- en fin todo eso que tu conoces bien-, y no dedico nada a preparar las clases, porque entre el método que usamos que es my bueno y preparado, y el nivel tan ínfimo de trabajo que tenemos, ya ni se hace necesario preparar con antelación una clase. Claro que luego la realidad es que no se usar la pizarra electrónica o el ordenador en el aula, y que no me modernizo en las tecnologías, en las que ellos nos dan dos vueltas, y en las que me gustaría y podría estar mucho mas preparada, y que no atraigo a los alumnos lo suficiente, a pesar de mi personalidad y “mis chistes”, y que no se practica el lenguaje oral, verdadero objetivo final del idioma, nunca priorizado. En fin esas contradicciones que nos mantienen acomodados para sobrevivir a la hecatombe, pero no sin antes cobrarse un buen pago en nuestra frustración continua, al no lograr lo que sabemos que podríamos. Estoy segura de que si tuviera mas horas de preparación de materiales y de clases concretas que de hacer papeles y buscar fotocopias “para escapar”, mis clases serían mas atractivas y lograríamos enganchar al algunos en ellas. Pero desgraciadamente no puedo llevar ese ritmo. Ya no.

Desearía pues que me formaran para el perfil que hoy se requiere, como ser humano adaptable y con unas competencias mas amplias que las de un simple docente, para ampliar conocimientos sobre la manera de funcionar de “la nueva sociedad”, para ampliar la capacidad de paciencia, reduciendo las expectativas ante “la imbecilidad” general que se respira, y no lo digo para ofender o insultar, sino que constato que vamos hacia ese camino en lo social. Ese es el nuevo perfil del alumnado, salvadas las excepciones que siempre hay muy llamativas.

Desearía mayores dotes de empatía y de psicología, para comprender a mis alumnos en el nivel que ellos presentan, pues a veces después de una conversación difícilmente mantenida, comprendo cosas que ellos quieren transmitir o desean o sienten, que no hubiera imaginado.

Desearía que de una vez se deje de priorizar el currículo para formar al alumnado en eso que se llamarían seres sociales y hábiles, con autonomía y amor a la vida. Ya se que suena tonto y casi imposible, pero por ahí van los tiros de lo que se demanda de nosotros. Es incompatible seguir exigiendo un currículo y una formación en habilidades y hábitos de trabajo a la vez.

Ya vale del verbo “to be”, eso ya lo aprenderán los que logren tener la oportunidad de llegar, casi los elegidos, y los que de verdad van a esforzarse y necesitar una formación”superior”, y no me refiero a la universidad precisamente. Hablemos inglés sin currículo alguno, y comuniquémonos. Si lo pienso bien no importa tanto que lo que escriban sea cómo en un chat o no, pues una mayoría no van a lograr escribir una verdadera carta de adultos. Quizá tres o cuatro, y esos ya lo aprenderán cuando se lo propongan. Que duro suena, ya lo se, pero me sale hoy así.

La sociedad ha cambiado y está en continuo cambio aún, pero nosotros, con todo nuestro bagaje formativo, fuimos educados y adiestrados en otra sociedad, antigua ya. Ese perfil del nuevo alumnado es el que debemos conocer nosotros ahora, y hasta adquirirlo, para habituarnos a sus hábitos y adentrarnos en su mundo actual de confort y de necesidades cubiertas.

La ley del esfuerzo está obsoleta para la sociedad actual, admitámoslo. No lo digo como protesta o queja, quiero creer que el tiempo ha cambiado y que he de ponerme a ver la nueva realidad, y quiero que las administraciones públicas me formen en las características y necesidades de la sociedad actual. Ya no creo en el “café para todos” de antes. Ahora estoy segura de que todos somos diferentes, y de que todos debiéramos optar a diferentes oportunidades, tenerlas si, todos, pero cada uno adecuadas a su necesidad. Tener a 25 chicos y chicas en un aula con capacidades y niveles disparatadamente diferentes y con intereses y objetivos disparatadamente divergentes, eso es un disparate.

Necesito formación para inferir las necesidades sociales, y tiempo para dedicar al alumnado en el aspecto de los hábitos y las actitudes que no adquieren en casa, y que son imprescindibles con nuestro método actual de enseñanza. O necesito otro método educativo, alejado de lo actual, donde cada uno de los alumnos encuentre su forma de expresar su sabiduría, porque tenerla la tenemos todos, eso seguro.

Antonio, perdóname este temazo que me pegué, pero qué bueno saber que estás ahí.

Un saludo de año nuevo y gracias mil.

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