lunes, 21 de junio de 2010

Carta de Soledad en nombre de Piedad al Sr. Presidente

Sole es una de esas madre coraje, amable y luchadora.

Algún día se le reconocerá, mas pronto que tarde, y será en forma de reunificación famiiliar permitiendo a Pieadad volver al lugar donde la quieren de verad.

Lo verás.

CARTA ABIERTA A DON PAULINO RIVERO

Caso Piedad

Estimado Señor Presidente:

Con todos mis respetos voy a exponerle en esta carta mi sentir; las palabras que no me ha dado la oportunidad de decirle directamente mirándole a los ojos a pesar de la cantidad de veces que he ido personalmente a solicitarlo hasta dejarlo presentado por escrito y con registro de entrada.

Lamentablemente, como siempre, el silencio ha imperado como única respuesta desde el Gobierno de Canarias, tanto desde la Dirección General de Protección al Menor y a la Familia como de la misma Presidencia del Gobierno. Se ha actuado ignorando totalmente a una ciudadana canaria que ha velado y está luchando sólo por proteger los derechos de una niña, que, en realidad, es la que está recibiendo este castigo.

Largo tiempo vengo reiterando petición a la Consejería de Bienestar Social, Sección "Protección de Menores", de que se permita a PIEDAD tener noticias del mundo que traumáticamente se vio obligada a dejar en La Orotava. De que se la permita conocer que aquel mundo sigue existiendo, que no ha desaparecido, que hay personas que la quieren. Y de que se la permita establecer comunicación o contactos personales que la ayuden a recuperar su memoria afectiva, a lo que tiene justo derecho, toda vez que su existencia ha quedado reducida al espacio y vivencias de un centro de menores, condenada a la más absoluta orfandad.


Sepa que, ni una sola vez de las que he solicitado el derecho de PIEDAD (digo bien: el derecho de PIEDAD, no el mío) a esa comunicación o a esos contactos, he recibido respuesta de la Administración, tampoco de usted en cuanto que he dejado en la sede del Gobierno diversas peticiones de audiencia con el mismo resultado.


Sr. Paulino, eso es cierto: nunca jamás he pedido nada para mí. Me he mantenido, en medio del sufrimiento, soportando este vendaval con dignidad y valor, junto a muchos silencios y omisiones de algunas personas que pudieron darle luz a este tortuoso procedimiento y nunca lo hicieron.

La sociedad canaria me ha ayudado a mantenerme en pie. El Caso Piedad ha tenido tal magnitud y repercusión, desgraciadamente para ella y para esta familia, que ha llegado hasta el Senado, con motivo de la puesta en marcha, el año pasado, de una Comisión Especial para el Estudio de la Adopción Nacional y Temas Afines.

Unos 20 Ayuntamiento de Tenerife se han pronunciado, en referencia a este caso, a favor de que se respete EL INTERES SUPERIOR DEL MENOR por encima de cualquier otro, por muy legítimo que sea. De la misma manera el Cabildo de Tenerife y, en su día, el de Gran Canaria, se posicionaron valientemente en la misma línea. Más de 750 trabajadores de la red social de la infancia de Gran Canaria firmaron ante notario, dejando constancia de su apoyo y solidaridad a Piedad y a esta familia y con ellos a muchos otros niños y niñas que se vieran en semejantes situaciones. Cerca de 40.000 firmas se han recogido en apoyo de que sean respetados los derechos de la niña y en otros términos, asociaciones canarias en defensa de la Infancia, nacionales e internacionales han intervenido con manifiestos de apoyo y colaboraciones, impresionadas con este tema, destacando PRODENI en su lucha incansable por defender los Derechos de los Niños y de las Niñas, en concreto, en el caso que nos ocupa, los de Piedad.

El tristemente fallecido Premio Nobel Don José Saramago junto a su esposa Doña Pilar del Río, pidieron por escrito públicamente para este caso racionalidad y sentido común dejando en su comunicado palabras con tanta carga como honor, humanidad, razón…

Los medios de comunicación se han volcado en este tema desgarrador traspasando el ámbito nacional y cientos de personas han dejado su testimonio plasmado desde la indignación y la impotencia, recibiendo incluso la comprensión de la Casa Real.

El Tribunal Supremo confirma y especifica, respecto a otro caso muy similar al de Piedad, lo que significa EL INTERES SUPERIOR DEL MENOR, es decir, tener en cuenta por encima de todo, el interés del Niño, su salud, sus vínculos, sus circunstancias, etc. En medio de este calvario se van consiguiendo logros muy positivos para entre todos caminar con un paso más seguro en un tema tan delicado como éste.

Sr. Paulino, su omisión ha ensombrecido la esperanza. Y usted no puede ignorar la realidad ni por ética ni por moral. Un equipo está formado por todos y el máximo responsable de éste no puede desatender, en una materia que clama profesionalidad y humanidad, lo que deciden otras personas y sus nefastas consecuencias.

El sufrimiento que ha desatado en mí la impotencia de obtener el silencio como única respuesta y alternativa de quienes pueden mover los hilos de este sistema, ha herido el fondo de mi ser, pero me ha herido porque su silencio y omisión está produciendo que una niña crea que quienes la quisieron y protegieron en la única época estable de su vida, la han abandonado.

Desde hace varios años estoy pidiendo por humanidad que Piedad sepa que la seguimos queriendo, que su vida en La Orotava fue real, que sus recuerdos, nuestros sentimientos, su felicidad no se las ha llevado la vida como si de un tsunami se tratase.

No hay justificación que valga para que le nieguen sus vivencias positivas del pasado. No hay mayor desprecio que la indiferencia y la ignorancia hacia tantas solicitudes y cartas presentadas con el sólo fin de que Piedad ejerza su derecho como persona a recuperar su memoria afectiva, e insisto, no es a mi a quienes ustedes están castigando, sino a una niña que un día encontró los brazos abiertos en un hogar donde fue feliz y le arrebataron todo desgarrándole el corazón, y hoy, quema su infancia, pagando los platos rotos de un fracaso descomunal, sin que nadie rectifique ni siquiera permitan que llegue a sus manos, por humanidad, una carta que reconforte sus sueños rotos.

Por todo ello le pido, de corazón, para PIEDAD, que le permitan recibir noticias de La Orotava, de que todo sigue ahí, de que nada ha desaparecido.

En espera de su respuesta, le saluda atentamente,

Soledad Perera

La Orotava, 20 de junio de 2010

jueves, 17 de junio de 2010

Todos iguales pero algunos más...

Unos pagamos más que otros, ya lo dijo George Orwell en su Granja de Animales:

"Todos los animales somos iguales, pero algunos mas iguales que otros"

QUE FUERTE! Y NO SE CORTAN NI UN PELO:

Soria rebaja el sueldo a los funcionarios pero no toca el de los altos cargos

Las Palmas de gran Canaria. -Carlos Sosa

El gobierno modificará la Ley de Presupuestos para cumplir el Real Decreto del recorte de salarios, lo que retrasará unos meses su aplicación en Canarias.



miércoles, 16 de junio de 2010

Llega el verano y vuelvo a la playa que nunca dejé

El verano en La Playa de la Arena: entre el recuerdo y el futuro

Como tacorontera de pura cepa, y natural de las medianías del municipio, desde donde podíamos oír algunas ocasiones el rugir del mar entrando por el barranco de Guayonge, lo de irme a la playa de la arena cuando llega el verano lo llevo clavado en el alma, y es una verdadera necesidad vital.

Todo el que lea esta frase dirá: “anda, y yo también…”, y estoy segura de que todo el que lo haya vivido con la intensidad con que mis muchos primos y yo lo vivíamos con muy pocos años, sabría describir hoy lo que supone para un niño que se pueda andar todo el día tirado por la arena y sin obligaciones concretas. Bueno quizás solamente la de cargar el agua necesaria para la comida y la higiene, que había que traer desde el Agua Dulce a nuestra cueva. No teníamos controles exhaustivos de nuestros padres, o de nuestras madres, que en definitiva eran las que estaban abajo siempre, porque los papas se iban a trabajar, o si era fin de semana o festivo se iban a mariscar o se iban a coger erizos para machacarlos y hacer cebo para el mirafondos y la pandorga, o se enredaban en echarse el vaso vino y las sardinas de aceite refrito y apestoso en la cueva de Bernabé…

Lo de verdad prohibido era ir solos a la Punta del Arrecife o al Charco Sagrero porque allí escapábamos de la mirada de los adultos. Y la verdad es que ahora que lo veo tan diferente por la subida de arena, el mar allí era antes mas peligroso, porque para empezar no se podía ni subir al Tablero sino cuando bajaba la marea. Más de una vez nos quedamos atrapados pescando pejines y tuvimos que mojarnos la ropa para salir de allí.

Un buen desayuno y al agua con los “gomaticos”, que eran las gomas de las ruedas infladas para jugar sobre ellos en el agua, o rodar dentro por la arena hasta la orilla. Como mi tío Bruno tenia un camión nos traía estos fantásticos flotadores con los que acabábamos con la piel rozada y hasta ronchada de tanto roce. Pero ningún juguete habría sido mejor en la playa.

Y mi abuelo sentado en el borde de la baranda de la cueva, sobre los bancos que él mismo fabricaba con tablas buenas, sin moverse mucho, pero en aquella sombrita del tarajal, sin perderse ni un solo percance o actividad en toda la playa, pues tenía la mejor atalaya que se puede imaginar.

Aún me parece verlo allí, oteando toda la arena y afiliado al equipo de los pequeños, organizando los ataques al enemigo, para lograr los permisos para el baño de sus nietos, frente a las negativas de las madres, por aquello de la digestión. Qué pedazo de abuelo teníamos…

Hoy, que nos llega de nuevo el calor del verano para bajar a los baños y al descanso, nos encontramos con una playa mucho más ocupada, mucho menos familiar, y mucho menos cómoda que antes, a pesar de que se ha mejorado su infraestructura en mucho. Pero he de hacer esfuerzos por comprender que esto es fruto de la propia evolución de los pueblos, y que nada impide que sigamos disfrutando de la arena como antaño.

Especialmente ahora, después de que hayamos visto peligrar esta belleza natural que nos ha tocado disfrutar, por culpa de la ambición de unos pocos que pretendían ocupar, urbanizar y privatizar una buena parte de nuestro litoral, y arruinar la bahía para el resto de tacoronteros o visitantes. Logramos parar esta demencia de la ambición y la ignorancia que exigía pan para hoy y hambre para mañana, y podemos seguir bajando al agua, al salitre y al olor a humedad salada, y al cuadro de colores de las puestas de sol en el horizonte. Al anochecer las sensaciones se multiplican en la piel y el amor surge por todos los costados, aún hoy…

Ahora solo me falta colaborar en lo que pueda para que en esta lucha por continuar disfrutando de la felicidad en nuestra querida playa de la arena, no se escatimen recursos por parte de nuestros gobernantes, como podemos percibir en estos momentos, y que logremos que los encargados de su gestión pública y del mantenimiento de este espacio tan valioso para todo el norte de la isla de Tenerife, sigan invirtiendo en tal reserva natural, aumentando los beneficios para todos.

Pero a día de hoy, y después de pedirlo varias veces a los responsables, en esta playa aun no podemos sentarnos en unos simples bancos a ver a nuestros hijos jugar o correr por la zona de juego, porque, aunque podemos presumir cada año de ostentar la bandera azul, premio a la buena gestión ambiental, no posee ni un solo banco o lugar de sombra y descanso decente para los cientos de paseantes y visitantes del lugar. Menos mal que se plantaron en su día los tarajales al borde del acantilado, porque si no te daba un soponcio del calor.

Seguiremos en ello, entre el recuerdo y el futuro, para que también nuestros niños y niñas puedan algún día hablar de lo hermoso de la Playa de la Arena y de las muchas sensaciones de felicidad que ella nos brinda, de forma tan altruista y generosa.

Y termino, que es domingo y me voy a la playa.

Mercedes Méndez, julio 2008

martes, 8 de junio de 2010

En estos días de adioses

Con permiso uso el cuadro de mi amiga Cristina Hasse.



En la fragilidad de una madre,

Para MALE Y para ANA, cuya luz quedó cerca

“Como un rayo” ya dijo el poeta

y así es como vino el dolor

No ha de bastarme una vida, no,

Ni apenas un rayo de sol

Tuve tanto en el seno que darte

y apenas te tuve me voy

Puede ser que en la noche dormida,

la sueñe serena

la sienta mejor

Puede ser que en la hora del viento

Se escuche en susurros tu adiós

Desafiante brevedad y un vacío

Nos vamos tan pronto nos fuimos…

Tan breve el momento de ira

Como breve la luz del amor

Yo ceo en el día después

Y yo creo en ahora también

Y no es menos cierto que creo, que veo,

que nunca, jamás, quienes quedan amando

perderán nuestro olor…

Esos seres pequeños del mundo

Necesitan tu mano, tu voz,

Pero a veces la vida ella misma

Contradice con fuerza la fe en el amor

Sólo salvando del cóncavo negro

Lo convexo que nos dio tu amor

Tendré la esperanza de que aquello bueno

Se nos queda aquí adentro

En un halo de luz y de olor

Tan breve el momento en tu ida

Como breves tus sueños serán

Esculpidos por arte de magia

En las vidas futuras que empeñaste en amar

Mercedes

Quiero volver a llorar por amor... yo me entiendo

La enorme y devastadora

Imagen de ti

Que guarda mi alma

Tú enseñándome algo nuevo

Tú protegiéndome del tráfico

Tú indagando en mi intimidad

Tú susurrando placer a mi oído

Tú ocultándote detrás de tu ventana

- esa ventana que acabaré odiando

si continúa en su actitud

de permanecer cerrada

cuando paso por tu acera –

Esa imagen de ti

encorvándote

Introduciendo tu dolor

En tu costado

Ignorándome

Ahora siento que eres agua

Y ahora a cien grados

De distancia

Vapor ya hirviente

Hiriente gas para mis poros

Tu imagen

No sólo no se aparta de mi alma

Sino que se acrecienta

Allá dónde mis ilusiones

Chocan con tu acera

Con tu ventana

Con los ojos de perro herido

Y de azul eterno que arrastras

Para no dejarme amar el hoyuelo de tu barba

Tu imagen quiero

Y quiero olvidarla también


Mercedes

martes, 25 de mayo de 2010

La arena y la abuela


La playa, la sal, la abuela…

La playa de La Arena se grabó en mi alma para la eternidad, y lo hizo como el verdadero paraíso en la tierra.

Si hubo días felices en mi vida, esos sucedieron abajo, junto al mar y sobre su arena.

Hay algunos pocos hechos grandiosos en la vida de un ser humano. En la mía la mayoría se acumulan en la infancia. Quizá podría hacer una excepción, cuando supe lo que era el amor. Fue también junto a ese mar. ¡Cómo lo iba a olvidar!

Ser pequeña y esperar a que llegaran días de vacaciones para poder ir a dormir a la cueva. Nada has sido nunca igual, nada lo ha superado jamás, ni el día de Reyes.

Una larga familia, desayunos llenos de gritos y algarabía, y de papas con pan frito y leche, chiquillos nervioso y ansiosos, madres atareadas pero contentas, madres jóvenes. Padres ociosos. Baños en el mar desde antes de desayunar. Sencillamente te levantabas y te lavabas la cara en el mar, y el cuerpo entero iba detrás. Nadie lo impedía. Aquello sí que era la república de los niños. Daba igual que fuera casi de madrugada. Baños después de desayunar. Baños durante toda la mañana y apurando el minuto antes de subir a comer, chorreando agua para mojar los bancos que el abuelo había fabricado con tanto esmero. Madres de flexibilidad diez, que no obligaban a digerir dos horas. Todo el día y la noche con el bañador puesto y si acaso una camiseta y un sombreo para proteger del sol. Aquel sol tan benévolo. O eso creíamos.

Deambular por la playa sin rumbo ni obligación. Recoger conchitas y cristales de colores. Buscar caparazones de erizo seco, coger cangrejos y caballitos de mar de los charcos. Preparar la pandorga y el mirafondos y coger burgados y erizos de carnada para pescar fulas y peje verdes. Esperar a la gran digestión del almuerzo para volver al agua y tirarnos desde la piedra. O esperar a que bajara la marea para poder ir a nadar al Charco Sagrero. Ese el mejor postre del día, si lográbamos ablandar a nuestras madres que nos dejaran ir.

Siempre en el agua, siempre en la arena. Siempre jugando. Siempre en libertad.

Jamás volví a lograr esa inmensa sensación de libertad y de felicidad juntas.

El futuro todo entero, el pasado inexistente, y mi abuela, raíz eterna de mí misma. Madre de mi madre. Grande. Sabia, Buena, Eterna.

Y mi abuela María aprendiendo de la vida cada día, y mi abuela enseñando. Nos guiaba a todos con exactitud y a cada uno en su corazón. Con ella sentí pertenencia, calor, incondicional aceptación. Amor.

María, mi abuela grande, fue la persona que me llevó por primera vez a la playa

del Camello y al acantilado de Guayonge.

Allí me contó lo que luego mi madre repetiría otras veces. De cómo su padre Bruno, al venir de Cuba con dinero, compró todo el barranco de Guayonge, desde el monte al mar, y como las laderas del miso eran su huerta particular y como la vida le jugó una mala pasada y tuvieron que marchar del litoral. Un terrateniente que quería comprar su parte les corto el paso del agua para los regadíos.

Pero mi abuela no se lamentaba jamás, sino que se enorgullecía de los esfuerzos por bajar el acantilado caminando que tenían que hacer, y de las muchas cebollas que cargó a sus espaldas y de la vida que abajo vivió tantos años. Allí crió a sus nueve hijos y allí eran felices a pesar del trabajo duro y de la dura vida: “¿ves, aquella casucha derruida en mitad del acantilado? Allí nos criamos nosotros, tu madre y tus tíos. Hacíamos cada merienda de pescado frito…Trabajamos mucho en las cebollas y en todo, porque era una tierra tan buena que se daba de todo. Los ñames eran de tamaño gigante porque había mucha agüita buena en la finca y todo se daba bien. Pero los Domínguez se empeñaron en comprarle la parte de finca de tu bisabuelo, y como él no era un hombre de pleitos, tuvo que vender y marcharse cuando le cortaron el agua. Pero luego nos fuimos a una finca, de medianeros, a Valle Guerra, y allí aprendí a escribir. Fíjate que yo hasta ayudaba a la señorita a enseñar a leer y a escribir a otros niños. Me gustaba mucho eso. Y luego, ya casada, era yo la que les leía las cartas a las vecinas de los maridos que fueron a la guerra. Qué pena cuando le tuve que leer a Remedios que su marido había desaparecido. No me quiero acordar. La pobre se quedó sola y con un hijo…”

Así fue como mi abuela me contó la vida que había vivido en la costa de Tacoronte y como supuse que eso la había hecho mejor persona.

Y allí me llevó una tarde de verano María, con una cesta rota y sin asas, a la que mi abuelo le había arreglado un asa postiza con unas vergas. Y con la cesta y un cucharón muy viejo y casi oxidado íbamos las dos a buscar sal.

Podemos imaginar que esto inmediatamente se convirtió en una fabulosa aventura en mi mente de niña. Las dos de la mano y ella explicando, - con esa voz suave y serena que da los años y el ser tan bella persona-, ese secreto de la naturaleza que es la sal: “ves, esos charquitos se llenan de agua del mar, y como le mar tiene sal, cuando les da mucho el sol el agua se evapora y la sal se queda en los charcos. Ahora hacemos así, ves, retiramos la primera capa de arriba, por si está sucia, con mucho cuidado de no romper la de debajo, eh, y luego con el cucharón sacamos toda la que queda en el charco. Pero sin rascar mucho el fondo para que no esté sucia ¿Ves? Ahora se pone en la cesta y ella sola se va escurriendo hasta la cueva. Anda, acércate tú a aquel charco que yo no llego bien. Así, muy bien, coge toda la limpita, no hace falta coger demasiada porque, como hay tanta, podemos volver otro día a por más, así…”

Ella no me traía la luna, ella me llevaba a la luna, y me traía a la vida.

No era que me enseñara a coger la sal de la mar, era que me miraba y me hablaba como al único ser de la tierra. Las dos solas. Era que me explicaba y me respetaba, y era que con ella aprendía a respetar y a amar todo y todo lo que hacía.

Fue una tarde de verano que descubrí los secretos de la sal, y con ella las bellezas de la playa del Camello, y fue esa tarde que me enamoré del lugar donde mi familia se forjó y donde mi abuela siempre vivirá, fresca como siempre, ligera como la brisa del mar.

Ese mar eterno de mi infancia y sin el cual no se escribiría mi vida.

Mercedes Méndez


Importancia de la coma, tan chiquita...

Julio Cortázar escribía:

"La coma, esa puerta giratoria del pensamiento"

Lea y analice la siguiente frase:

"Si el hombre supiera realmente el valor que tiene la mujer andaría en cuatro patas en su búsqueda".

Si usted es mujer, con toda seguridad colocaría la coma después de la palabra mujer.

Si usted es varón, con toda seguridad colocaría la coma después de la palabra tiene.

SIMPLEMENTE... Verdad

Contra la pérdida de dignidad


"Nunca me sentiré LIBRE NI DESCANSARE EN PAZ sin que mis ojos vean que se contemplen los Derechos de Piedad aunque sea lejos de mi y se valore mi absolución resultado de la lucha por defender EL INTERES SUPERIOR DEL MENOR amparándome siempre EN DERECHO.


No hay recompensa que pueda suplir este enorme sufrimiento y aun sigue la suma de un castigo carente de sentido y humanidad. No quiero vivir ni ver a seres vulnerables quemar su vida sin DIGNIDAD"

(Soledad Perera)